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	<title>Iglesia Presbiteriana en Country Club &#187; Predicaciones</title>
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		<title>&#8220;Mi papá me ama&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Dec 2009 13:37:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pastora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Predicaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Predicación del Día de los Padres La paternidad responsable es uno de esos valores, que en mi opinión, cada día nos hemos concientizado más como pueblo. No es que el índice de niños que crecen sin sus padres haya disminuido tanto, pero al menos estamos consientes de que la figura paterna tiene un valor incalculable [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Predicación del Día de los Padres</p>
<p>La paternidad responsable es uno de esos valores, que en mi opinión, cada día nos hemos concientizado más como pueblo. No es que el índice de niños que crecen sin sus padres haya disminuido tanto, pero al menos estamos consientes de que la figura paterna tiene un valor incalculable para la niñez.</p>
<p><span id="more-97"></span>Dentro de nuestra cultura el rol paternal ha sido el de la disciplina, así como la enseñanza de valores morales, modelo de roles, entre otras cosas.  Se dice que las hijas de forma inconsciente buscan hombres que les recuerden a sus padres, buscando la seguridad paternal o algo que llene el vacío que sus padres dejaron. En brazos de papi estamos psicológicamente seguras.  De igual forma los varones, que también modelan la conducta paternal en sus relaciones.</p>
<p>Es preocupante. Vivimos en una sociedad tan violenta que los modelos masculinos que se presentan y promueven enfatizan en la victoria de la fuerza bruta. Una sociedad que lanza a los niños varones a la calle, mientras a las niñas las resguarda dentro de las escuelas y las Universidades. “Estudia hija, por si el marido te sale malo.” Hombres que tienen que comprobar cuan hombres son, como si no fuera suficiente con nacer varones, y mujeres que tienen que probar cuan aun autosuficientes son, en la previsión de lo peor. Un pueblo sin esperanza, sin fe.</p>
<p>El Evangelio en esta mañana nos habla de una historia similar. La historia en la que Jesús demuestra su Paternidad Celestial. Una de esas historias en las que las figuras de Dios y Jesús se confunden lo suficiente como para afirmar su Trinidad, la unión de tres en uno. Los discípulos de Jesús sin fe ni esperanza comenzaron a clamar a Jesús en medio de la tormenta. Lo que yo imagino es que ellos no tenían esperanza de que Jesús fuera a hacer nada, sino más bien querían sentir la seguridad de que estaba despierto. Tal como nosotros y nosotras en la niñez buscábamos esa seguridad paternal o en algunos casos maternal, cuando lo que había en la casa era una mamá/papá. Esa seguridad inocente, que corría a la cama cuando habían pesadillas, porque ese era el antídoto para los mostros nocturnos.</p>
<p>Pero lo que Jesús hace es muy interesante. Jesús demuestra su divinidad, su unidad con el Dios Padre, Creador del mar y su plenitud y con el Espíritu Santo que revoloteaba sobre las aguas en el principio. Jesús, más que darles seguridad psicológica detuvo la tormenta. Fue como el cambio del rostro de papi, cuando en ocasiones me mira  como mi amigo y otras me mira y me dice con los ojos su reprimenda silenciosa. Con eso Jesús demostró que él era el enviado de Dios, que su poder provenía del Padre. Los discípulos descubrieron algo más de la persona de Jesús. ¿Quién es este que aún las inmensas e incontrolables olas del Mar le obedecen?<br />
El Dios que le había dado la fuerza y astucia a David para vencer a Goliat estaba en Cristo manifestado. Y yo me pregunto si nosotros y nosotras estamos verdaderamente consientes de eso. El amor de Dios nos cubre de forma tal que podemos confiar en su protección y cuidados. David, no alimentado por el odio hacia los filisteos, si no alimentado por su seguridad en el amor de Dios hacia su pueblo se dirige a enfrentar al gigante que los amedrentaba.</p>
<p>Motivado por esa seguridad en Dios se llena de valentía y arrojo para lograr lo que quienes estaban preparados para hacer no lograron, porque su seguridad estaba en su propia fuerza y no en Dios. Para vencer a los gigantes no podemos contar con nuestra fuerza o conocimiento como principal instrumento. Eso demostraría que solo queremos demostrarle a alguien cuan buenos, eficientes, conocedores somos. Tarde que temprano esa actitud nos llevaría al fracaso y a la autodestrucción. Nuestra seguridad y motivación debe ser Dios y  el deseo de cumplir la voluntad de Dios para nuestras familias y nuestro pueblo.</p>
<p>En efecto David contó con sus recursos disponibles y con sus conocimientos sobre pelear con osos y lobos. Pero lo que esto nos demuestra es cuán grande era la confianza de David en el amor de Dios. Es cierto, Dios nos da el poder para vencer a esos gigantes  con los recursos que tenemos a nuestro alcance, aún cuando nos parezcan limitados. No tenemos porqué temerle a los gigantes que afectan nuestra sociedad, lastiman y laceran a nuestras familias. Gigantes como la violencia doméstica, el maltrato infantil, gigantes como las injusticias laborales, los problemas económicos del país. No hay duda que son enormes, no hay duda que nuestros recursos están muy limitados, pero piedra por piedra podemos vencer. Batallamos en el nombre del Señor vamos a vencer por medio de su poder y esa es nuestra seguridad. Si mi Papá está conmigo estoy seguro en todo lo que hago. Porque después de todo… “Mi Papá me ama.”</p>
<p>Pero hay veces que el enemigo que tenemos de frente no es tan obvio como un gigante que se nos para de frente, hay veces que el enemigo no amenaza nuestra seguridad de manera directa. Hay enemigos que son como el Mar de Galilea. Las aguas del mar y los lagos eran considerados como poderes del mundo espiritual, demonios y fantasmas. Todos los sucesos marítimos eran interpretados de esa forma. De igual forma, Marcos nos dice que la tormenta llega de pronto y como en toda cultura mitológica la perspectiva que el autor quiere manifestar es que no era una tormenta natural. Los cabos se van atando cuando vemos el destino de la tripulación, Gadara, una ciudad de “endemoniados” en dónde lo primero que hace Jesús es liberar a un gadareno.</p>
<p>Hemos aceptado la violencia como a un mar de demonios al que nunca podremos vencer. Hemos aceptado este modelo de sociedad con la tonta escusa de que “Somos así”. Hemos aprendido a vivir bajo las reglas de la injusticia, la inseguridad, la falta de amor y el miedo. Nos hemos adaptado a esperar lo peor y planificar para lo peor. La esperanza es cosa de gente ingenua, la bondad hoy día se traduce con una palabrota despectiva. Y hemos llegado a creer que nuestro Cristo duerme ante estos temas, pero lo que ocurre es que él nos envía nosotros y nosotras a cambiar esta realidad.</p>
<p>Si un niño venció a un gigante con una honda y una piedra, nosotros y nosotras podemos cambiar la sociedad que vivimos por medio de la paz. Y sé que es sumamente irónico. El relato de David y Goliat es una de las historias más violentas y sanguinarias de las Escrituras, sin embargo, en esencia lo que nos dice es que Dios es el Dios de las posibilidades. Es él quien tiene el poder de hacer lo imposible una realidad, el que nos llama a enfrentarnos a nuestros temores, a los asuntos que nos atormentan y ponerle fin a la injusticia por medio de su autoridad. Es español boricua: “a ponerle el cascabel al gato”.</p>
<p>Esta batalla no es una que haya que comenzar, el Señor ya nos ha concientizado y ha ido transformando nuestra sociedad, y en muchos casos las piedras han hablado más que los creyentes. La lucha por los derechos humanos, la igualdad de género, la concientización al daño que ha causado la contaminación ambiental. Esto es lo que el amor alcanza, romper los parámetros establecidos por la sociedad para construir un mañana de justicia. Cuando en unos años atrás no era mal visto que un hombre demostrara su hombría por medio de golpes en contra de su esposa e hijos, hoy día hemos aprendido que hay una diferencia entre la disciplina y la violencia. Hemos aprendido que ser padre va más allá de engendrar, hemos aprendido que el rol del hombre no es ser el principal proveedor de la casa, es el de amar.</p>
<p>No hemos vencido al gigante, porque creo que como sociedad debemos recuperar muchos valores que como cultura, el individualismo, el egoísmo, el consumismo nos ha ido robando. Tenemos que continuar batallando en cada una de nuestras pequeñas luchas diarias.<br />
No podemos permitir que esas batallas diarias de la vida nos distraigan de nuestras grandes batallas en el Señor. Esas que nos invitan a cruzar mares, pelear con gigantes y faraones por el bienestar del prójimo. No podemos permitir que los afanes de la vida nos detengan y hagan menguar nuestra fe y voluntad de servir. Después de todo “Mi Papá me ama” y el hecho de que “yo ame a mi papá” me invita a hacer su voluntad y cumplir su Gran Comisión.</p>
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		<title>“Un poco de azúcar es la píldora”</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Dec 2009 21:27:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pastora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Predicaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[“Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros,﻿ ﻿para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre…” 1 Tes 3.12-13 ¿Cuántos de ustedes conocen la canción de la película de Mary Popins [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros,﻿ ﻿para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre…” 1 Tes 3.12-13</p>
<p>¿Cuántos de ustedes conocen la canción de la película de Mary Popins “Un poco de azúcar es la píldora”? Me fascina esa canción. Cuando era pequeña en los canales locales la solían presentar precisamente para época de Navidad. Para Mary Popins todos los problemas se podían resolver con un poco de azúcar. Probablemente para Celia Cruz también.</p>
<p><span id="more-58"></span>¿Cuál será esa substancia que pueda transformar nuestro dolor en alegría, nuestras frustraciones en paz y nuestra desesperación en esperanza? ¿Qué substancia podemos agregar a nuestra vida para que pueda ser transformada? Nuestro Señor Jesucristo afirmó que esa substancia es el amor. Un amor incondicional que primero se le debe a Dios y luego al prójimo. “Amarás a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo.”</p>
<p>Ahora, luego del compromiso y las buenas noticias que celebramos en el Culto de Acción de Gracias hasta con mariachis, se me hace muy fácil hablar de amor. El “enchule” nos ayuda a hablar con una sonrisa en el rostro y con muchas ilusiones y esperanza. El amor nos llena de alegría.</p>
<p>Sin embargo, el amor está obligado a crecer. El verdadero amor no es solamente el cuento de las princesas de Disney en el que se vive feliz para siempre, eso es enamoramiento. El verdadero amor se enfrenta a momentos difíciles y pruebas que nos confrontan con la realidad de las cosas y nos obligan a crecer, a madurar, de lo contrario el enamoramiento desaparece.</p>
<p>La verdad es que nos podemos enamorar de Dios y de sus promesas. Podemos tener un romance con su Palabra, apasionarnos con la adoración y las emociones hermosas que nos brinda esa primera etapa de fe. Sin embargo, en el momento de las pruebas estamos obligados a crecer. Cuando llegan los días difíciles, los momentos de conflicto, desacuerdo, dolor y prueba estamos llamados y llamadas a encarnar aquello que Jesús nos llama a vivir, en demostración del amor que decimos creer, en acorde con la Palabra de Dios</p>
<p>Dios es amor y de tal manera amó al mundo que hizo que ese amor se hiciera carne y hueso por medio de un niño en Belén. El amor se encarnó para demostrar lo que Dios nos llama a vivir. Nos podemos enamorar de ese niño de Belén, pero esto no es un cuento, ni una fantasía; es una realidad en la que debemos creer y por la que debemos actuar. Ese amor requiere de fe; creer que ese amor es real y posible. Tener la esperanza de que los milagros de amor se verán realizados. Muchas veces vivimos sin esperanza o confianza en ese amor, como si fuera irrealizable o imposible.</p>
<p>¿Es imposible la reconciliación? ¿Es imposible el perdón? ¿Será imposible que las cosas sean mejor de lo que nunca fueron? Jeremías precisamente nos habla de eso, de tener esperanza en el futuro. Estamos llamados y llamadas a creer en que es posible que esa píldora mágica pueda transformar las cosas, nuestra forma de ver la vida y de vivirla. El Espíritu Santo de Dios está en nosotros y nosotras, nos llena de amor, esperanza y fe para transformar nuestras vidas como una píldora mágica… milagrosa.</p>
<p>Nuestra fragilidad humana nos hace difícil creer que ese amor sea posible. Muchas veces nos concentramos solo en ver las cosas negativas y no las positivas. No nos permitimos ver el lado esperanzador de las cosas y por lo tanto se nos hace difícil creer. Es natural que como seres humanos nos dejemos llevar por nuestros impulsos, lo que Pablo llamó la carne y en lugar de alimentar nuestra vida con amor, esperanza y fe, nuestra fragilidad nos haga pensar en la ira que sentimos, el dolor, la angustia que nos provoca venganza, contienda… odio en lugar de amor. Pero como creyentes estamos llamados y llamadas a amar y a no darle paso a esos impulsos. Estamos llamados y llamadas a pensar en lo imposible, a tener esperanza en los milagros que pueden hacer que otros nos llamen tontos o ilusos. Pero nuestra esperanza no debe avergonzarnos, sino alimentarnos y hacernos crecer cada día en el poder transformador del amor.</p>
<p>Antes he compartido en el Culto de Oración una historia de perdón que tocó profundamente mi vida. Es la historia de una niña que desde los 4 años estaba siendo violada por su padrastro y su mamá tenía conocimiento de esta situación. Cuando cumplió 17 años tomó valor para denunciar a su padrastro, pero este salió libre gracias al testimonio de su mamá a favor de él. Después de varios años, cuando iba a contraer matrimonio, la joven sintió en su corazón el deseo de dejar atrás el pasado y reconciliarse con su mamá para poder comenzar su nueva familia con paz. Aquello que parecería imposible se convirtió en un milagro de amor, libertad y reconciliación.</p>
<p>Pero este no es el único milagro de amor y perdón, ayer mismo escuché el testimonio de otra joven que decidió buscar al padre que no había conocido y continuar perdonándole, aún cuando éste no lo merecía. Así mismo, muchas historias de amor y milagros de perdón que se realizan en el corazón humano por la inspiración de Dios.  Lo que para otros es vergüenza y humillación, para nosotros y nosotras es la manifestación del Reino de Dios. Tenemos que estar en la disposición de llevar la cruz  de Cristo, aún a costa de nuestra humillación.</p>
<p>Pero como humanos, esto no es tan fácil. Es una lucha en contra de nuestro interior. No podemos hacerlo solos. Si nos dejamos llevar por “la carne” por nuestras emociones y no nos permitimos ver las posibilidades de amar y la esperanza de reconciliar, no lograremos ver los milagros realizados. Muchas veces en lugar de caminar el camino difícil del amor y el perdón continuamos revolcándonos una y otra vez en los recuerdos de aquel día en que hablaron mal de mí, aquel día que me traicionaron, aquel día que lastimaron. Es como caer barranca abajo en el fango del dolor y no poder detenernos.</p>
<p>Más lamentable aún es cuando comenzamos a repetir la historia y vemos una y otra vez repetirse las mismas heridas, las mismas frustraciones, los mismos problemas; por lo que se nos hace más difícil ver las posibilidades del amor y la reconciliación. Incluso hay ocasiones en que perdemos la perspectiva de las cosas y en lugar de ver el problema que enfrentamos, estamos repitiendo los viejos dolores que ya están grabados en nuestras mentes y corazones. Imágenes dolorosas que no podemos borrar y continuamente revivimos.</p>
<p>Muchas veces optamos por caminar el camino del rencor y cuando lo tomamos una vez, es más fácil volverlo a caminar y repetirlo una y otra vez. Puede llegar al punto que lo caminemos sin darnos cuenta. Por otro lado, el camino del amor y el perdón, aún cuando es difícil de encontrar nos sana y nos restaura. Es difícil de caminar y difícil de encontrar, pero cuando lo caminamos por primera vez es más sencillo caminarlo una segunda vez y una tercera y nuestra esperanza es que un día lo caminemos sin darnos cuenta.</p>
<p>Un día Dios se encarnó para testificar el amor y plantar la bandera de su Reino. Hoy Dios nos pide que encarnemos ese amor y seamos nosotros y nosotras quienes construyamos el Reino de la esperanza, el Reino en dónde todo es posible. Un reino en dónde podemos cambiar nuestra manera de ver la vida. Dios nos llama a que seamos sal a la tierra, como la luz de Cristo, reflejemos su esencia más pura que es el amor. Esa es la perfección, la pureza que Dios nos llama a vivir: “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos,… ﻿para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre…” (1 Tes 3.12-13)</p>
<p>CANCIÓN<br />
Santo Consolador, aviva tú mi ser, que lo que amas, pueda amar, y tu voluntad hacer<br />
Santo Consolador, puro quisiera ser, servirte siempre, con fervor, y la tentación vencer<br />
Santo Consolador, dame tu santa unción, mantén el fuego de tu amor ardiendo en mi corazón<br />
Santo Consolador, lléname de virtud, vida del cielo, gozaré andando en tu plenitud.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>domingo 29 de noviembre de 2009.</p>
<p>Primer Domingo de Adviento: Encendido de la vela del amor</p>
<p>Lecturas del Calendario Litúrgico: Jeremías 33:14-16, 1 Tesalonicenses 3:9-13, Lucas 21: 25—36</p>
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