Lo que es la esperanza

Lo que es la esperanza

Esperanza se traduce del término hebreo miqveh. Se refiere a una cosa o un acontecimiento que se espera, que está en el futuro. Job decía que “si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán” (Job 14:7). Esta virtud se hace real cuando esperamos en la voluntad de Dios con la confianza de que cumplirá lo prometido. Los Salmos dicen “de él [Dios] es mi esperanza” (62:5) “esperanza de todos los términos de la tierra” (65:5). Dios siempre mantuvo la esperanza de una restauración gloriosa mediante la intervención de su Mesías. Dios es la “esperanza” de Israel, Guardador suyo” (Jer. 14:8; 17:13; 50:7). Por eso Zacarías dice de los israelitas que son “prisioneros de esperanza” (Zac. 9:12).

En griego se utilizan los vocablos elpizo y elpis, traducidos como esperanza según el contexto. Esto siempre se refiere al la expectativa de algo bueno. En el libro de los Hechos, se usa mayormente para hablar de la resurrección “Teniendo esperanza en Dios … de que ha de haber resurrección de los muertos” (Hch. 24:15; 26:7). En las epístolas, la esperanza se presenta siempre como el resultado de la soberanía de Dios y el señorío de Cristo sobre todas las cosas. Así, se nos habla de la “esperanza de salvación” (1 Ts. 5:8); “la esperanza de la justicia” (Gá. 5:5); “la esperanza de la vida eterna” (Tit. 1:2). El “Dios de esperanza” llena de “todo gozo y paz en el creer” a los cristianos para que abunden en “esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Ro. 15:13).

Los incrédulos, en cambio, son señalados como “los … que no tienen esperanza” (1 Ts. 4:13).
Antes de su conversión, los creyentes estaban “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Ef. 2:12), pero “Dios nuestro Padre … nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia” (2 Ts. 2:16). El ser participantes de esa esperanza es lo que permite a los creyentes perseverar en la fe, aún en las situaciones más duras. Y es, también, lo que les incita al amor y las buenas obras, sabiendo que su trabajo en el Señor “no es en vano” (1 Co. 15:58).

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