Ministerio Diaconal

Ministerio Diaconal

La palabra griega “diakoneo” significa servir y su variación “diakonia” también se puede traducir como servicio o ministerio. Un ejemplo del uso de esta palabra lo encontramos en la historia de Marta y María:

“Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos; y acercándose a El, le dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.” (Lucas 10.40)

En la época de Jesús “servir a la mesa” tenía un sentido despectivo. Según la filosofía platónica para encontrar el perfeccionamiento del espíritu el ser humano debía buscar ante todo su felicidad, el entusiasmo del alma y no en el cuerpo. Muy similar al pensamiento de nuestro días, cuando la mayoría de las personas busca solo su felicidad. El “servir a la mesa”, proveyendo los alimentos, cocinar y poner la mesa está relacionado al mundo material,  según el pensamiento griego, no nos da la felicidad, sino que la quita.

El significado de “diakonia” estaba relacionado a las personas sin el derecho a la felicidad, sin derecho a la libertad, a la ciudadanía, a la dignidad. La “diakonia” era para las personas marginadas del mundo (esclavos, esclavas, siervos y siervas, mujeres y niños/as). Jesús toma la palabra diakonia y la usa para expresar con ella su misión como el enviado de Dios a este mundo. Dice:

El Maestro dijo: “El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor [diakonos]”. (Lucas 22.27).  “El hijo del humano no ha venido para ser servido, sino para servir” (Marcos 10.45). Jesús retoma el concepto griego diakonía y le da dignidad, respeto y valor; mostrando por medio de este la obra de salvación de Dios.

Vista a hogar de la Junta Diaconal y la Pastora

Las Escrituras dan testimonio de una mujer que ejercía el ministerio del diaconado. “Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea.” (Romanos 16.1) Nuestra constitución afirma que “tanto los hombres como las mujeres, serán elegibles para ocupar posiciones en la Iglesia.” (G-6.0105) Cualquier persona , por la providencia de Dios y los dones de gracia, pueden recibir el  llamado de la Iglesia para asumir el ministerio del diaconado, después de orar por la presencia y guía del Espíritu Santo.

El gobierno de nuestra iglesia es representativo; reconoce, respeta y defiende el derecho del pueblo de Dios para elegir sus oficiales. Por lo tanto, ninguna persona puede ser colocada en oficio alguno en la congregación o cuerpo de gobierno de la Iglesia, excepto por la elección de la Congregación. (G-6.0107) La congregación debe eligir a personas que muestren estas cualidades y carácter espiritual, decencia, ejemplo de bondad y prudencia.

“… también los diáconos deben ser dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas, sino guardando el misterio de la fe con limpia conciencia. Que también éstos sean sometidos a prueba primero, y si son irreprensibles, que entonces sirvan como diáconos. De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas. Pues los que han servido bien como diáconos obtienen para sí una posición honrosa y gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús.” (1 Timoteo 3.8-13)

Para la Iglesia Presbiteriana EUA (G-6.0401) el oficio del diaconado se manifiesta en las Escrituras como uno de “compasión, testimonio y servicio, siguiendo el ejemplo de Jesucristo.” Nuestra constitución explica algunas de las responsabilidades del diaconado (G-6.0402):

  • Ministrar a los necesitados, a los enfermos, a los desamparados o a cualquiera que esté en angustia, sea dentro de la comunidad de fe y más allá de la misma.
  • Asumirán aquellos otros deberes que les puedan ser asignados de tiempo en tiempo, por el consistorio tal como:
    • dirección en los cultos de adoración
    • oración e intercesión
    • lectura de las Escrituras
    • presentación de ofrendas
    • asistir en la Cena del Señor

Este ministerio ordenado es vitalicio, nunca se deja de ser diácono o diaconisa, se vive y muere con este llamado del Señor. Es por eso que en nuestra Congregación el Ministerio Diaconal incluye a toda persona que haya sido ordenada como diácono o diaconisa. Estos hermanos y hermanas en conjunto con la Pastora son parte del equipo de trabajo que se dedica al ministerio de la compasión, testimonio y servicio, como lo indica nuestro Libro de Orden (G-6.0202).

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