“Un poco de azúcar es la píldora”

“Un poco de azúcar es la píldora”

“Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre…” 1 Tes 3.12-13

¿Cuántos de ustedes conocen la canción de la película de Mary Popins “Un poco de azúcar es la píldora”? Me fascina esa canción. Cuando era pequeña en los canales locales la solían presentar precisamente para época de Navidad. Para Mary Popins todos los problemas se podían resolver con un poco de azúcar. Probablemente para Celia Cruz también.

¿Cuál será esa substancia que pueda transformar nuestro dolor en alegría, nuestras frustraciones en paz y nuestra desesperación en esperanza? ¿Qué substancia podemos agregar a nuestra vida para que pueda ser transformada? Nuestro Señor Jesucristo afirmó que esa substancia es el amor. Un amor incondicional que primero se le debe a Dios y luego al prójimo. “Amarás a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo.”

Ahora, luego del compromiso y las buenas noticias que celebramos en el Culto de Acción de Gracias hasta con mariachis, se me hace muy fácil hablar de amor. El “enchule” nos ayuda a hablar con una sonrisa en el rostro y con muchas ilusiones y esperanza. El amor nos llena de alegría.

Sin embargo, el amor está obligado a crecer. El verdadero amor no es solamente el cuento de las princesas de Disney en el que se vive feliz para siempre, eso es enamoramiento. El verdadero amor se enfrenta a momentos difíciles y pruebas que nos confrontan con la realidad de las cosas y nos obligan a crecer, a madurar, de lo contrario el enamoramiento desaparece.

La verdad es que nos podemos enamorar de Dios y de sus promesas. Podemos tener un romance con su Palabra, apasionarnos con la adoración y las emociones hermosas que nos brinda esa primera etapa de fe. Sin embargo, en el momento de las pruebas estamos obligados a crecer. Cuando llegan los días difíciles, los momentos de conflicto, desacuerdo, dolor y prueba estamos llamados y llamadas a encarnar aquello que Jesús nos llama a vivir, en demostración del amor que decimos creer, en acorde con la Palabra de Dios

Dios es amor y de tal manera amó al mundo que hizo que ese amor se hiciera carne y hueso por medio de un niño en Belén. El amor se encarnó para demostrar lo que Dios nos llama a vivir. Nos podemos enamorar de ese niño de Belén, pero esto no es un cuento, ni una fantasía; es una realidad en la que debemos creer y por la que debemos actuar. Ese amor requiere de fe; creer que ese amor es real y posible. Tener la esperanza de que los milagros de amor se verán realizados. Muchas veces vivimos sin esperanza o confianza en ese amor, como si fuera irrealizable o imposible.

¿Es imposible la reconciliación? ¿Es imposible el perdón? ¿Será imposible que las cosas sean mejor de lo que nunca fueron? Jeremías precisamente nos habla de eso, de tener esperanza en el futuro. Estamos llamados y llamadas a creer en que es posible que esa píldora mágica pueda transformar las cosas, nuestra forma de ver la vida y de vivirla. El Espíritu Santo de Dios está en nosotros y nosotras, nos llena de amor, esperanza y fe para transformar nuestras vidas como una píldora mágica… milagrosa.

Nuestra fragilidad humana nos hace difícil creer que ese amor sea posible. Muchas veces nos concentramos solo en ver las cosas negativas y no las positivas. No nos permitimos ver el lado esperanzador de las cosas y por lo tanto se nos hace difícil creer. Es natural que como seres humanos nos dejemos llevar por nuestros impulsos, lo que Pablo llamó la carne y en lugar de alimentar nuestra vida con amor, esperanza y fe, nuestra fragilidad nos haga pensar en la ira que sentimos, el dolor, la angustia que nos provoca venganza, contienda… odio en lugar de amor. Pero como creyentes estamos llamados y llamadas a amar y a no darle paso a esos impulsos. Estamos llamados y llamadas a pensar en lo imposible, a tener esperanza en los milagros que pueden hacer que otros nos llamen tontos o ilusos. Pero nuestra esperanza no debe avergonzarnos, sino alimentarnos y hacernos crecer cada día en el poder transformador del amor.

Antes he compartido en el Culto de Oración una historia de perdón que tocó profundamente mi vida. Es la historia de una niña que desde los 4 años estaba siendo violada por su padrastro y su mamá tenía conocimiento de esta situación. Cuando cumplió 17 años tomó valor para denunciar a su padrastro, pero este salió libre gracias al testimonio de su mamá a favor de él. Después de varios años, cuando iba a contraer matrimonio, la joven sintió en su corazón el deseo de dejar atrás el pasado y reconciliarse con su mamá para poder comenzar su nueva familia con paz. Aquello que parecería imposible se convirtió en un milagro de amor, libertad y reconciliación.

Pero este no es el único milagro de amor y perdón, ayer mismo escuché el testimonio de otra joven que decidió buscar al padre que no había conocido y continuar perdonándole, aún cuando éste no lo merecía. Así mismo, muchas historias de amor y milagros de perdón que se realizan en el corazón humano por la inspiración de Dios. Lo que para otros es vergüenza y humillación, para nosotros y nosotras es la manifestación del Reino de Dios. Tenemos que estar en la disposición de llevar la cruz de Cristo, aún a costa de nuestra humillación.

Pero como humanos, esto no es tan fácil. Es una lucha en contra de nuestro interior. No podemos hacerlo solos. Si nos dejamos llevar por “la carne” por nuestras emociones y no nos permitimos ver las posibilidades de amar y la esperanza de reconciliar, no lograremos ver los milagros realizados. Muchas veces en lugar de caminar el camino difícil del amor y el perdón continuamos revolcándonos una y otra vez en los recuerdos de aquel día en que hablaron mal de mí, aquel día que me traicionaron, aquel día que lastimaron. Es como caer barranca abajo en el fango del dolor y no poder detenernos.

Más lamentable aún es cuando comenzamos a repetir la historia y vemos una y otra vez repetirse las mismas heridas, las mismas frustraciones, los mismos problemas; por lo que se nos hace más difícil ver las posibilidades del amor y la reconciliación. Incluso hay ocasiones en que perdemos la perspectiva de las cosas y en lugar de ver el problema que enfrentamos, estamos repitiendo los viejos dolores que ya están grabados en nuestras mentes y corazones. Imágenes dolorosas que no podemos borrar y continuamente revivimos.

Muchas veces optamos por caminar el camino del rencor y cuando lo tomamos una vez, es más fácil volverlo a caminar y repetirlo una y otra vez. Puede llegar al punto que lo caminemos sin darnos cuenta. Por otro lado, el camino del amor y el perdón, aún cuando es difícil de encontrar nos sana y nos restaura. Es difícil de caminar y difícil de encontrar, pero cuando lo caminamos por primera vez es más sencillo caminarlo una segunda vez y una tercera y nuestra esperanza es que un día lo caminemos sin darnos cuenta.

Un día Dios se encarnó para testificar el amor y plantar la bandera de su Reino. Hoy Dios nos pide que encarnemos ese amor y seamos nosotros y nosotras quienes construyamos el Reino de la esperanza, el Reino en dónde todo es posible. Un reino en dónde podemos cambiar nuestra manera de ver la vida. Dios nos llama a que seamos sal a la tierra, como la luz de Cristo, reflejemos su esencia más pura que es el amor. Esa es la perfección, la pureza que Dios nos llama a vivir: “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos,… para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre…” (1 Tes 3.12-13)

CANCIÓN
Santo Consolador, aviva tú mi ser, que lo que amas, pueda amar, y tu voluntad hacer
Santo Consolador, puro quisiera ser, servirte siempre, con fervor, y la tentación vencer
Santo Consolador, dame tu santa unción, mantén el fuego de tu amor ardiendo en mi corazón
Santo Consolador, lléname de virtud, vida del cielo, gozaré andando en tu plenitud.

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domingo 29 de noviembre de 2009.

Primer Domingo de Adviento: Encendido de la vela del amor

Lecturas del Calendario Litúrgico: Jeremías 33:14-16, 1 Tesalonicenses 3:9-13, Lucas 21: 25—36

One Comment

    patty

    En verdad que leyendo esto doy graciasa DIOS por que los milagros existen y tengo la plena confianza en el que todo lo puede, ya que por el todo lo es y nos tiende sus brazos para darnos ese maravilloso amor y esta en nosotros poder recibirlo.
    Gracias por lo que hacen.Que Dios los Bendiga!!!

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