Mujeres a Otro Nivel

Mujeres a Otro Nivel

Predicación de Domingo de los Dones de la Mujer
Anc. Eilleen Rivas
Textos bíblicos: 
Jueces 4:4-16, Rut 1, Efesios 2:19

Anc. Eileen Rivas, Candidata al Ministerio del Presbiterio de San Juan y Estudiante de M.Div. del Seminario Evangélico de Puerto Rico.
Anc. Eileen Rivas, Candidata al Ministerio del Presbiterio de San Juan y Estudiante de la Maestría en Divinidad del Seminario Evangélico de Puerto Rico.

La libertadora del pueblo de Israel

Jueces 4:4 nos dice que gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetiza, mujer de Lapidot.  Tenía una relación muy especial con Dios, tanto que era profetiza. Esta posición no se hereda.  Así que Dios le regaló el don de la profecía, Débora tenía un llamado especial de parte de Dios. Qué interesante que menciona que es la mujer de Lapidot, debemos recordar que Israel estaba formado por una sociedad patriarcal, por lo que no nos debe sorprender que aún la líder del pueblo fuera mencionada por el nombre de su esposo. Ella fue una líder carismática, profetiza, de las tribus de Israel. 

Acostumbraba a sentarse bajo una palmera (conocida como la palmera de Débora), entre Ramá y Bet-el, en los montes de Efraín.  La sabiduría de Débora era tal que los Israelíes no podían resolver sus problemas por ellos mismos y acudían a ella en busca de justicia. La jueza se auto valoraba y se respetaba a sí mismo. Un día se atrevió a dar órdenes a Barac para guiar a los israelíes contra Sísara (Jue.4-5). Él le respondió: “Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré.”  Aquí vemos el liderazgo de Débora.  Pero para ser profetiza, para tener sabiduría y para tener liderazgo, hay que reconocer que Dios es quien nos da todos esos regalos, todos esos dones.  Débora reconocía a Dios en todo, lo que le permitió ser una gran líder, para poder mandar es necesario saber obedecer. Para mí esa era la característica más importante de ella, era obediente. Ella superó todas las necesidades de sobrevivencia para escalar logros en el ámbito espiritual y a la misma vez en el plano comunal/tribal.

La batalla se libra entre los dos generales (Sísara y Barac). El ejército de Sísara tenía novecientos carros de hierro y había oprimido con crueldad a los hijos de Israel por veinte años. Débora contaba con armamento poco eficaz para ese momento, aun así, se levantaron como un solo cuerpo cuando Débora les grito: «Levántate, porque éste es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos: ¿Acaso no ha salido Jehová delante de ti?» (Jue 4:14). Dios lucho a favor de Israel, enviando lluvias torrenciales y terremotos que confundieron a Sísara y a sus ejércitos, de manera que sus carros quedaron estancados en el fango y entre la maleza. Todos esperaban con clamor a Jehovah, sí, porque ellos esperaban que fuera levantado un libertador. ¡Cuál es nuestra sorpresa al encontrar que Dios quiso levantar a una libertadora!  Dios se glorificó, la liberación a través de Débora y Barac fue una gran victoria.  Hemos visto que Débora ocupa un lugar de preeminencia excepcional en la Biblia. La jueza, profetiza y líder tuvo que asumir papeles militares que corresponden a los varones. A pesar de sus circunstancias por estar en un mundo de hombres, ella fue usada por Dios y El cumplió sus propósitos en ella. Podemos seguir el ejemplo de Débora, ¡Mujer a otro nivel! MUJERES despertemos para ganar la batalla con Dios de nuestro lado. ¿Acaso no ha salido Jehová delante de ti?

 Dios cumple su promesa en una extranjera

Por problemas económicos y de supervivencia, Elimelec lleva a su familia a mudarse de Belén, la tierra del pan, a Moab que hay hambruna. (Rut 1:1).  Se fueron con él su esposa y sus dos hijos. Su decisión de ir a Moab, una tierra pagana a dioses extranjeros fue una decisión horrible. Dios había llamado a su pueblo a separarse de las tierras circundantes, no unirse a ellos. Eligió una comunidad que le podía ofrecer algo de comida temporal.  Cuantas veces tomamos decisiones sin consultarle a Dios y ese beneficio es temporal, como le pasó a esta familia y la angustia sufrida es terrible. ¿Qué le sucedió a Elimelec esposo de Noemí? Al poco tiempo de estar en Moab, murió.  Sus dos hijos se casan con mujeres extranjeras.  Al poco tiempo, ellos mueren también. Los dos hijos de Noemí, Mahlón y Quelión mueren. Todo le pasó a la vez. Las circunstancias de la familia de Elimelec cambiaron drásticamente en una década a causa de muchas decisiones equivocadas.

Noemí la esposa de Elimelec y madre de los difuntos, queda en una situación precaria. Las nueras y la suegra, viudas, eso es una desgracia. Quedaron las mujeres desamparadas. Eran tiempos tremendos para la mujer sin marido, en los tiempos de Noemí. En una sociedad agraria y patriarcal. La situación de la viuda es digna de compasión. Ahora Noemí decide regresar a la comunidad de origen, Belén y se encuentra con los familiares de Elimelec, después de muchos años de ausencia.

Noemí hereda los terrenos de Elimelec después de la muerte de sus dos hijos.  Pero su situación es terrible porque tiene que venderlos para sobrevivir, gastando de esta manera la heredad de su familia. Ella les dijo a Orfa y a Rut, sus nueras, que volvieran a sus hogares, porque allí podrían encontrar nuevos maridos. Orfa se fue, pero Rut toma la decisión de quedarse con su suegra. Y Rut le dice:  “dondequiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios”.  Esto es un pacto de solidaridad, de lealtad entre Rut y su suegra Noemí. Recordemos que es Moabita y que la tradición israelita veía a los moabitas con malos ojos. (Deut, 23:1; Esdras 9:1ss). El contexto histórico lo encontramos en Deut. 23.3 “No entrará el amonita ni el moabita en la congregación de Jehová, ni siquiera en su décima generación; no entrarán nunca en la congregación de Jehová”. “No procurarás su paz ni su bien mientras vivas, y esto para siempre” Deut. 23.3.  Esto son riñas viejas, la razón es que no dieron de comer ni de beber a los israelíes cuando entraron a Canaán vía desierto de Moab.

Cuando Rut decide que Jehová sería su Dios, abandona la religión politeísta de sus antepasados, en la cual figuraba como dios principal Kemós, al cual se le ofrecían sacrificios humanos de vez en cuando (Números 21, 29). El cambio de identidad es profundo para esta joven moabita, y el texto bíblico parece indicar que su motivación fue su amistad y fidelidad hacia Noemí. Una Rut, que deja su cultura y seguridad para aventurarse a experiencias desconocidas. Rut se caracteriza por el valor de la familia. Vemos cómo Dios se glorifica en todo. Y aunque lo que estemos viviendo sea una desgracia, una crisis, sabemos que Dios tiene propósito en eso también. Miren a Rut, con la sabiduría que Dios le dio y sus valores, establece una comunidad con su suegra y eventualmente a favor de Israel, porque Rut, una extranjera, llegó a ser la bisabuela del Rey David. El libro de Rut sirve como puente tendido en el AT hacia el mensaje de NT, hacia la predicación cristiana de la igualdad de todos los seres humanos ante los ojos de Dios (Dt. 23:3, 6 con Mt. 28:16-20; Hch. 1:8).

Les pregunto:  ¿Cómo construiremos nuestras comunidades hoy? ¿Con qué criterios?  Les digo que estamos igual que en los tiempos de Rut.  Porque hoy hay cosas que no han cambiado, todavía hoy hay elementos que separan a las comunidades, que separan a la gente: color de la piel, lengua, clase social, edad, enfermedad, surgen situaciones que generan en relaciones difíciles.  

Sin embargo, el Evangelio de Jesucristo nos exhorta, nos llama a crear comunidades de personas diferentes que puedan modelar lo abundante del evangelio. 

¿Te arriesgarías como Rut? ¿Estás viviendo como Rut una extranjera? ¿Te has lanzado de lo que conoces a lo desconocido? Rut responde a todos esos retos con un gesto de fidelidad hacia una persona, Noemí y hacia Dios. (Rut 1.16-17).

La presencia de Dios en la vida de las mujeres extranjeras también se nota en su gesto de fe. Muchas son las historias de mujeres que se han lanzado, es probable que aquí hoy hallan muchas historias que me puedan contar, lo importante es que esos riesgos los aceptes “agarradas de la mano de Dios”, que en todo desafío que tengas en la vida, entiendas que Dios te sostiene. Mujeres, la gracia de Dios las acompaña para que sean favorecidas siendo extranjeras. Tú puedes ser una mujer a otro nivel.

Una mujer de hoy a otro nivel

Se llama Liza.  Tiene 44 años, es ama de Casa. Liza es VIH desde el 1998.  El esposo llevó la condición a su casa. Desde su diagnóstico de VIH en el 1998 hasta el 2012. Liza dejó los medicamentos de VIH en tres ocasiones, esto es muy peligroso, porque se arriesga a que el VIH siga avanzando y también a que cuando decida tomar medicamentos nuevamente no sean tan efectivos. Su autoestima estaba por el piso, no se atrevía a salir de la casa, ni se atrevía a decirle a nadie.  Se decía: “Yo no sirvo”. Liza se encerró en sí misma. Es madre de cuatro (dos de ellos varones), en el 2008 uno de ellos fue asesinado mientras trabajaba en un punto de drogas al ser confundido por otro al que planeaban asesinar.  Como consecuencia de dicho evento traumático, desarrolla un sentimiento de culpa consciente. Ya estaba cansada de “ser la fuerte”, de aparentar estar bien ante los demás por saber que tenía en vida a sus otros tres hijos/as y sus nietos/as, así como otros familiares y su pareja. Empezó a hacerse preguntas como: “¿Por qué no puedo llorar a mi hijo?  ¿Por qué tengo que dejarlo ir?”.  Comenzó a atreverse a hacer el esfuerzo de poner en palabras lo que pensaba y sentía sobre ella misma, sobre su hijo fallecido y demás.  

Liza decidió buscar ayuda profesional. Comenzó ser más activa en cuanto a su modo de sufrir la pérdida de su hijo, a comenzar lo que sería un «trabajo de duelo». Sentía mucho dolor, la angustia se la estaba comiendo, la ansiedad, la desesperación, lloraba mucho, a veces se mantenía en silencio por mucho tiempo, se frustraba fácilmente. Se fue fortaleciendo poco a poco y comenzó a ir a la iglesia sin decir que era VIH. No quería ser rechazada como ya había visto que lo habían hecho con otras personas. ¿Qué? ¿Qué en la iglesia rechazaban a los que tenían VIH? Pues sí, eso dice Liza que lo vio.

El grupo de mujeres de la iglesia fue increíble con ella, así Liza lo describe. Cada vez se fue fortaleciendo más y más. Con la ayuda de Dios dejó de encerrarse, salía más, estaba más tranquila y en paz. Dios fue arreglando las cosas.  Dejó ir a su hijo y completó el proceso de duelo. Le dijo a todo el mundo que era VIH.  Hoy Liza ayuda a otras mujeres que también son VIH, sobre todo con las que recién se enteran de su condición. Ella dice que Dios no hace porquerías y que ella sirve.  Es guiada por la luz que es Cristo y que logrará aquellas cosas que le faltan. Se considera una mujer fuerte ahora.  Todo ha sido un proceso largo, difícil y fuerte. Es parte de un grupo de apoyo de pacientes VIH.  Ella vio cómo todas estas situaciones la acercaron más a Dios, a sus hijos, a su familia y amigos. Le enseñó a ser una persona determinada ante la adversidad, comprensiva ante el dolor, y con un corazón perdonador lleno de amor hacia los demás. ¡Qué ejemplo de confiar en Dios, de salir adelante, de carácter y de dejarse guiar por la luz de Cristo!  Liza, una mujer a otro nivel!   

Efesio 2:19

En el pasaje de la carta a los Efesios, Pablo nos habla de extranjero [xénos, palabra griega] extraño. En el NT, xénos aparece 14 veces.  Significa: Las personas o aquellas cosas y costumbres que no resultan familiares a quienes pertenecen a un determinado grupo social, ya que son considerados como extraños. ¿Cómo ustedes reaccionan a personas o cosas extrañas? Ante lo extraño pueden existir diversas reacciones, algunas pueden ser: repulsión, repugnancia, asco, disgusto, indignación.

Una cosa extraña era que el pueblo de Israel le hiciera caso a una mujer. Y vemos cómo Dios usó a Débora. Una cosa extraña es que una extranjera respondiera con gesto de fidelidad hacia un Dios que no era el de ella. Cómo hizo Rut que lo arriesgó todo.  Una cosa extraña es que Liza diga hoy que es VIH.  Y vemos cómo Dios la usa para bendecir a otras mujeres que están con la condición. ¿Qué harían ustedes con una persona que esté en nuestra iglesia y que nos diga que es VIH?… Estas tres mujeres se han sentido como extranjeras,  Débora porque estaba en un mundo de hombres, Rut porque lo era y por lo que hemos discutido y Liza por tener una condición de salud que todavía hoy en día es razón de discrimen y estigma hacia las personas que tienen esta condición.   

Antes de ser llamados a la fe en Cristo, los cristianos que no eran judíos, o sea que eran gentiles no participaban de la vocación de Israel en cuanto pueblo de Dios y estaban excluidos de las promesas. Así que sólo los judíos podían gozarse con las promesas de Dios, los demás no. Sin Cristo, los seres humanos especialmente los gentiles estaban perdidos en sus delitos y pecados sin esperanza y sin Dios.  Por lo tanto, eran extranjeros, eran extraños.  

¿Cuántos aquí eran extranjeros o extranjeras?   Yo era extranjera y les tengo noticias, ustedes también. No éramos parte del pueblo de Dios. Pero Pablo nos afirma que ya no somos extraños, que no somos extranjeros/as, que tenemos esperanza. Nuestra esperanza es en Cristo, ya somos miembros de la familia de Dios, hemos recibido la potestad, el derecho legal de ser llamados/as hijos/as de Dios. 

Muchas veces nos sentimos extranjeros/as, nos sentimos rechazados/as por diferentes razones, sea por nuestra condición económica, social o de salud, incluso hemos sido rechazados/as por ser jóvenes, por ser personas de edad mayor, por ser gordos, flacos, blancos, negros, altos, bajitos, por ser gay, lesbiana, por no tener hijos, por ser madre soltera, alcohólicos, drogadictos, por tener problemas de salud mental, por ser cojo, por estar en un sillón de ruedas. Todos/as nos hemos sentidos en algún momento como extranjeros porque hemos sido rechazados/as alguna vez por algo o algún familiar de nosotros/as lo ha vivido. ¿Cómo es posible que por ser diferentes tengamos que ser rechazados/as? ¿Cómo es posible que por ser diferentes rechacemos a otros/as?  ¡Si todos somos hermanos y hermanas! Dios nos dice que ahora, en Cristo, hemos llegado a ser conciudadanos/as de los santos.  Al ser cristiano/as somos ciudadanos ante Dios, adquirimos nuestro derecho de ciudadanía en los cielos (Flp 3, 20; cf. Gal 4, 26; Ef 2, 6; Heb 11, 15 s; 12, 22 s; 13,14).

Esta carta nos exhorta a vivir la nueva vida (4:17-32).  Somos una familia en Cristo.  Por lo tanto, ya no hay clases diferentes de personas sino que todos/as somos uno en Él, dado que a través de su sacrificio en la cruz del calvario logró derribar todas las barreras de separación entre los seres humanos y las que separaban a los seres humanos de Dios, su poderosa obra logró una reconciliación total y absoluta en la vida de nosotros/as, porque por fe respondemos a la verdad del evangelio.  Así que la reconciliación es completa. Por lo tanto, ya no eres extranjero/a.

Conclusión

Hemos visto hoy la afirmación de que cada persona es única y de que su valor es don de Dios por creación. En cada una está la imagen de Dios. Compartí tres imágenes de Dios en tres mujeres completamente diferentes. Dios se identificó con ellas y te digo hoy que Dios se identifica contigo y conmigo.  Dios es el que da propósito a la vida del ser humano, pues Dios quiere que cada cual se realice.  En ocasiones tenemos que asumir el riesgo de cambio. Tenemos que arriesgarnos, sí, pero confiando en la gracia de Dios, en su don para con nosotros/as.

Te pregunto: ¿Qué es lo que somos ahora extranjeros o una familia?

2 Comments

    Doris Andino

    Cuan deleitoso es desmenuzar la palabra de Dios y extraer su pertinencia.

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