Significado de la Ordenación

Significado de la Ordenación

Lo que los presbiterianos y presbiterianas creen acerca de la ordenación ha cambiado con el tiempo, en algunas áreas de forma muy dramática. Por ejemplo, la ordenación de mujeres como ministras, ancianas y diáconizas, algo impensable antes en nuestra historia, no solo se ha convertido en aceptable, sino que se espera.

Tres creencias inmutables
Los presbiterianos y presbiterianas han mantenido apertura a los cambios con respecto a nuestra comprensión de la ordenación debido a tres creencias inmutables:

1. Creemos que Dios es la fuente y cumbre de todo ministerio en la iglesia. Para los presbiterianos y presbiterianas la ordenación no es sinónimo de ministerio. Creemos que todos los cristianos y cristianas tienen el llamado de Dios y dotado por el Espíritu para el servicio en el mundo, cuando se unió al ministerio de Jesús Cristo en el bautismo. Por otra parte, no todos los miembros son llamados o equipados por Dios para el ejercicio de determinados cargos del ministerio en la Iglesia.

2. Los presbiterianos y presbiterianas tienen la convicción, expresada en el capítulo 1 del Libro de Orden, que “la verdad es el fin de la bondad”. La verdad incluye nuestras convicciones compartidas acerca de quién debe ser ordenado, a qué oficios, con qué propósito y con qué preparación y cómo rendirá cuentas. La medida de esta verdad, sin embargo, no depende de la coherencia lógica o argumento filosófico, sino de la naturaleza de sus frutos.

3. Los presbiterianos y presbiterianas creen que el ministerio ordenado debe ser colegiado (compartido con otros) y no jerárquico (compartido por el clero y laicos), y comunales (que representa a toda la Iglesia y no simplemente una congregación). También creemos que quienes son llamados ser oficiales ordenados en la iglesia debería ser sometidos a prueba y confirmación de la iglesia.

Hombres y mujeres juntos
En 1789, cuando la primera Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos de América se reunió en Filadelfia, todos los oficiales de la iglesia (los diáconos, los ancianos y los ministros) eran, por la costumbre y la ley de la iglesia, hombres. La noción misma de tener mujeres que ocupacen cargos se consideraba absurdo. De hecho, algunas iglesia de principios del siglo 19 volvieron “notablemente” preocupadas por la posibilidad de que las mujeres pueden dirigir la oración en reuniones en donde los hombres se presente.

Las mujeres tenían prohibido actuar como los ancianos o diáconos, hasta la década de 1930 o de la década de 1960 en la Iglesia Presbiteriana de los EE.UU. (PCUS), donde la ordenación de mujeres para el ministerio evangélico tomó otros 20-30 años. Hoy, sin embargo, la proporción de hombres y mujeres que serven en el oficio ordenado es casi el 50%, un desarrollo que se refleja en las cifras de inscripción de las 10 instituciones teológicas presbiterianas.

¿Qué manos?
Hasta la década de 1830 nadie estaba seriamente desafiado con la noción de que sólo los pastores (también llamados obispos hasta el 1957) se les permitía participar en la imposición de manos en la ordenación de los nuevos pastores, ancianos y diáconos. Al profesor Charles Hodge, de Princeton Theological Seminary, que se opuso a que los ancianos participen en el proceso, le gustaba citar a un viejo proverbio latino: Nemo det quod non habet (nadie puede dar lo que no tiene). El argumento de Hodge fue desechada por el PCUS en la década de 1860, pero los presbiterianos y presbiterianas “del Norte” se aferraron tenazmente a ella hasta la década de 1950.

Hoy la ordenación se define explícitamente como un acto realizado por un organismo de gobierno formado por ministros/as y ancianos/as que ejercen conjuntamente el poder de su jurisdicción, y no como un acto realizado por personas que poseen el poder para ordenar lo que sólo ellos pueden transmitir.

Servicio para la vida
Durante el primer siglo del presbiterianismo americano, las congregaciones no podían de cambiar el liderazgo en la sesión o la junta de diáconos. Los ancianos y los diáconos sirven en sus juntas hasta la muerte (o si eran declarados culpables de un delito que los despojara de su ordenación). En la mitad del siglo 19, a las iglesias se les dio la opción de cambiar el modelo de servicio de por vida en favor de un servicio de rotación de duración limitada (a la PCUS le tomó casi un siglo para ofrecer la misma opción a sus congregaciones).

Hoy en día, el servicio de duración limitada, ahora es obligatorio, y las congregaciones que deseen ser exonerados de este requisito deberán presentar su solicitud a sus Presbiterios.

Roles radicales para los ancianos
Al mismo tiempo, una entonces noción radical comenzó a echar raíces: que los ancianos pudieran ser moderadores de los organismos de gobierno por encima del nivel del Consistorio. Aunque la idea finalmente triunfó, abrió un debate casi de inmediato: ¿Cómo puede una persona laica servir como moderador, cuando al retirarse cada año era su obligación de predicar? Debido a que los ancianos no se les había dado el poder para predicar, se esperaba que el anciano-moderador al retirarse fuera sustituido por un ministro miembro o algún predicador comisionado que ofreciera el sermón del retiro de este.

Hoy en día los ancianos no sólo son elegidos para servir como moderadores de los organismos de gobierno por encima del nivel del Consistorio, pero a menudo son comisionados para ser pastores laicos, en la predicación de la Palabra y para oficiar las celebraciones sacramentales en las congregaciones sin pastores. Por otra parte, los ancianos al igual que los ministros pueden ser elegidos para el servicio en el presbiterio, sínodo y como ejecutivos de la Asamblea General.

Más opciones de ministerio
Cuando se adoptó el primer libro de la Orden en 1789, sólo existían dos opciones para los que se habían preparado para el ministerio ordenado. Aquellos con un llamado de una congregación serían ordenados por el Presbiterio para se pastores (los obispos). Los que no tenían un llamado eran ordenados como evangelistas, encargados de formar y organizar nuevas congregaciones.

Hoy en día quienes se preparan para servir en el Ministerio de la Palabra y Sacramentos se enfrentan a una gran variedad de formas especializadas de ministerio, muchos de los cuales no tienen lazos formales o vínculos a las congregaciones locales o de los organismos superiores de gobierno.

Por: J. Frederick Holper
Traducido por: Wilma Quiñonez Cubero

3 Comments

    heriberto gonzález teherán, pastor iglesia…

    Es muy grato saber que somos: “Eclessia reformata et semper reformanda” y que tenemos, por el espíritu de Dios esa sabiduría de ir entendiendo los “tiempos y las sazones” y, en concordancia con ellos y con la luz de la Palabra ir permitiendo que la obra del Señor cada día tenga nuevos canales e instrumentos para que corra como rios de agua viva. Qué grato que nuestra iglesia sabe, por la gracia de Dios, cómo ir dando apertura dentro de su estructura a nuevos conceptos, instrumentos y elementos para la gloria de Dios. Por eso somos hjos e hijas de la reforma y por eso seguimos con “la llama del corazón de Calvino” encendida por el evangelio.
    Gracias y múltiples bendiciones en nombre de nuestro Señor.

    filiberto Ronay Roblero Escobedo

    los pobres presbiterianos ya dejaron que se ordenen a las mujeres ¿que se espera depues? ¿que se ordenen homoxesuales? por favor hermanos presbiterianos no se dejen engañar la escritura dise que en los ultimos tiempos seran engañados aun los escojidos. para mi la iglesia presbiteriana era biblica pero con todod lo que pasa he cambiado de opinion

    Pastora (Author)

    “Ecclesia reformata, semper reformanda secundum verbum Dei”

    El amor, la tolerancia, el respeto, la bondad, la benignidad, la mansedumbre… son frutos del Espíritu y la base de la enseñanza de Cristo. Como iglesia creemos en la importancia de esos valores, muy por encima de la diversidad de interpretaciones teológicas y bíblicas.

    Como hija de Dios fui llamada a servir, al igual Míriam la profetiza (hermana de Moisés), Rahab la prostituta, Débora la juez de Israel, Rut la moabita, Ester la reina, María madre del maestro y la samaritana adúltera que evangelizó a Samaria. Como Iglesia Presbiteriana, creemos y afirmamos que Dios ha llamado a lo largo de la historia, a hombres y mujeres a servirle. No lo hemos inventado, lo testifican las Escrituras. Como Pastora Ordenada he sido preparada para interpretar las Escrituras, según nuestras confesiones de fe y a la luz de nuestros tiempos. A lo largo del ministerio que Dios ha puesto en mis manos he servido como maestra, diaconisa, anciana, vice-moderadora del Presbiterio y como pastora laica antes de ser ordenada. En todo ese tiempo he visto el fruto del Espíritu y no lo contrario.

    ¿Cómo afirma usted su posición desde los valores del reino, a la luz del testimonio de las Escrituras, en base a la realidad social que vivimos y según su experiencia como creyente?

    Este es mi testimonio personal y una muy breve explicación en términos teológicos. Pero espero que sea útil.

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